Plaza del pueblo

HERRIKO PLAZA

La Herriko Plaza de Laudio/Llodio es el auténtico corazón de la localidad, la plaza del pueblo. Un espacio abierto donde se cruzan la historia, la vida vecinal y los encuentros ciudadanos. Aquí, en un entorno que respira tradición, se celebran, desde tiempos antiguos, mercados, ferias y eventos culturales.

Desde los inicios de la sociedad moderna, cuando se crearon las plazas comunales, la ciudadanía se reunía en este punto para tratados, pactos, compra-ventas e incluso la elección de los cargos políticos y administrativos. Concretamente, los celebraban en la ante-iglesia, donde se encontraba la necrópolis, que era un lugar casi sagrado, puesto que los difuntos daban fe de que lo pactaban y juraban allí se cumpliría y respetaría. Como símbolo de ese tránsito entre la vida y la muerte, los pactos y juramentos se realizaban bajo un árbol que se encontraba donde hoy comienza la calle Batzalarrin, denominación que conmemora aquellas juntas (significa atrio de reuniones).

Posteriormente, y debido a la llegada de la modernidad, se registraron cambios de leyes, tanto eclesiásticas como administrativas. Así, la necrópolis se trasladó a lo que hoy conocemos cementerios, el árbol tan simbólico se sustituyó por una mesa de juntas o pielarri, la cual también desapareció con la llegada de las casas consistoriales y el euskera, idioma casi único en el pueblo hasta entonces, se sustituyó casi por completo por el castellano.

Debido a que el lugar seguía congregando tanta vida social, y como excusa, se construyó el pórtico de la iglesia y en lugar de la mesa se instaló una fuente.

La plaza ha mantenido sus tradiciones de celebrar ferias y mercados, fiestas y otras manifestaciones y eventos culturales de las cuales se puede disfrutar aún hoy en día.

Ven a la Herriko Plaza, siéntete parte de Laudio/Llodio y descubre un lugar en el que cada piedra, cada fachada, invita a quedarse, conversar y disfrutar de la vida local.

AYUNTAMIENTOS

En los nacimientos de la edad moderna, a finales del s XV, empezaron a crearse las plazas comunales y a alojar el palacio municipal o la casa consistorial, pero no es hasta 1841, cuando se promulgó una ley que uniformizó todos los ayuntamientos, y todas estas reuniones de vecinos, acuerdos de leyes, actas y toma de cargos pasaron a celebrarse en lo que llamaron ayuntamientos. 

El edificio que aún hoy en día se encuentra al lado de la iglesia es el 3º ayuntamiento de Laudio.

Este edificio suplantó al 2º, que se construyó entre 1782 y 1785, y también al primero, que, aunque no se encontraba en el mismo lugar, no distaba mucho.

Un siglo más tarde, en 1889, en el mismo año que murió el Marqués de Urquijo, su impulsor, y por razones que se desconocen, se construyó el 3er ayuntamiento, el que vemos hoy en día, también conocido como “viejo actual”. Fue obra del arquitecto madrileño Francisco de Mendoza y Cubas, sobrino del Marqués de Cubas. 

Cada planta tenía su función, ya que la planta baja acogía 7 toriles grandes y uno pequeño, destinados a acoger a los toros de las corridas de las fiestas que se celebraban en la actual Herriko Plaza. Por una escalera lateral independiente, actualmente por la calle Elexalde, se accedía al piso principal, donde se encontraba un pequeño archivo, un cuarto y una cocina con chimenea francesa. En el piso superior alojaba una sala principal para los plenos municipales, un comedor abierto a la balconada principal y un pequeño cuarto dedicado a archivo, comunicado con el de la planta inferior.

Para realzar el edificio, se pintó un escudo, para el que tomaron como “ejemplo” el de Orozko, que, a su vez, era el de Bizkaia. Este municipio estaba pleiteando contra el señor de Ayala, puesto que querían ingresar en el Señorío de Bizkaia. Se desconoce si Llodio lo hizo motivado también por el mismo motivo.

Asimismo, entre los balaustres de hierro se trabajó el escudo del Noble Valle de Llodio, en menor tamaño que el mencionado escudo de Bizkaia.

El ayuntamiento actual, frente a este “viejo actual”, se inauguró el 3 de marzo del 2001. Este edificio contemporáneo cierra la Herriko Plaza, simboliza la gestión municipal y, al mismo tiempo, el vínculo entre los ciudadanos y su municipio.

IGLESIA DE SAN PEDRO DE LAMUZA

Es aquí donde se rescatan los orígenes del municipio, ya que, a pesar de que no se disponen de documentación de las épocas más antiguas, se encontraron dos lápidas funerarias datadas de la época de la Romanización. No obstante, se presupone que durante los siglos VIII-IX, en la Alta Edad Media, la población estaba dispersa en pequeñas aldeas a media ladera (debido al clima), como Gardea, Larrazabal, Goienuri, Larr(e)a y la zona del Yermo o Isusi, cada cual con su debida ermita, por supuesto.

Las partes más bajas del valle se ocupan en los siglos posteriores (X-XI) y es en esta época, concretamente en 1095, cuando el obispo de Nájera, Pedro de Názar, consagra la iglesia de San Pedro de Lamuza (se desconoce el origen del topónimo), que “unifica” todos las aldeas en una parroquia común. Se trata de un templo completamente medieval, se presupone que fue un templo austero, posiblemente de estilo románico o protogótico (según la historiadora Micaela Portilla), del que no se conservó nada.

Tampoco se conservaron los templos que le sucedieron, aunque se sabe que todos estuvieron en el mismo lugar.

A mediados del s.XVI Francisco de Amírola comenzó a construir sobre el templo anterior una nueva iglesia. Se erige primero el templo en sí, en planta en cruz latina, después se realizan renovaciones y ampliaciones, como la torre del campanario y, finalmente, ya a principios del siglo XIX, la linterna-cúpula de la torre de la iglesia. Por tanto, la iglesia que vemos hoy es del s.XVIII, de estilo barroco.

El siglo XVIII fue una época de prosperidad tanto en Laudio, como en el País Vasco en general, por lo que debía reflejarse también el aspecto artístico y, dada la novedad del templo, se comienza a dotar de muebles litúrgicos y ornamentación en su interior.

Lo más reconocido y representado es su retablo mayor, realizado por el cántabro Marcos de Sopeña (atribuido) y de estilo rococó desornamentado, propio del momento, ya que se encontraba en últimas fases del barroco. Así, las formas curvas, las concavidades y convexidades, predominan sobre la línea recta. Se trata de un retablo de madera dorada y policromada con doble bancal y dos cuerpos con tres calles, sin remate. El cuerpo inferior, separado por cuatro columnas corintias, de las cuales las dos centrales están decoradas, enmarcan tres nichos. En el centro se encuentra San Pedro, sobre una hornacina, con el Crucificado sobre un sagrario. Los laterales acogen, a la izquierda a San Juan Bautista, y a San Pablo a la derecha, cada uno de ellos sobre una peana.

Sobre la separación central, el cuerpo superior acoge en su nicho central la Asunción de la Virgen, dentro de un arco de medio punto. A los lados, Santiago Peregrino y San Juan Evangelista.

También cabe mencionar los retablos laterales dedicados a San José y a la Virgen del Rosario (cuyo autor también sería Marcos de Sopeña, aunque en el de San José también participó Tomás Díaz), que seguían a la perfección el ejemplo del rococó, junto a un cuarto retablo dedicado a la Piedad, hoy día desaparecido.

Como otro tesoro más, en su interior también se guarda una curiosa miniatura que reproduce la propia iglesia.

Fuente: Kepa Sojo, Bai aldizkaria 2.alea

El pórtico de San Pedro de Lamuza es excepcional por estar construido en su totalidad con hierro: es un caso único en Euskal Herria. Pero no menos excepcionales son las motivaciones de su construcción.

La historia comienza cuando se decide eliminar el templo antiguo y edificar una nueva iglesia, la que vemos hoy. Junto a la iglesia se construyó (1774) un pórtico, que acogiera la vida social y comercial del pueblo. Lo que en un inicio se planteó para que durara toda una vida, tan solo en un siglo se deterioró y en 1878, el recientemente nombrado Marqués de Urquijo manda reconstruirlo con un sistema en tinglado, apuntalándolo con columnas de hierro, una novedad que sufragó él mismo. Hoy en día aún se pueden ver en las losas de piedra las marcas donde se instalaron. No obstante, esta solución no fue suficiente, ya que la estructura empezaba a desplazarse tan solo cinco años después. El entonces alcalde determinó que debía consultarlo con un "perito experto" y mientras tanto designó guardas que impidieran el paso dentro del pórtico. El joven perito de Goikoplaza determinó que debía derribarse. Ese día era el 11 de marzo de 1883 y era domingo de mercado. Hubo una gran mayoría de personas que lo respetaron, pero la noche anterior había nevado copiosamente, por lo que, para resguardarse del frío, varios baserritarras decidieron instalarse en el pórtico haciendo caso omiso a la prohibición establecida por el alcalde y, entorno a las diez de la mañana, el pórtico se desplomó. Resultaron cuatro muertos y seis heridos.

Fue una catástrofe que hirió el orgullo del marqués, al tiempo que le brindaba una nueva posibilidad de redimirse con la ciudadanía, por lo que encargó la construcción de un nuevo pórtico. Para ello se inspiró en la nueva moda arquitectónica que triunfó con la Torre Eiffel y decidió que debía ser de hierro (modernidad y resistencia). No obstante, falleció en 1889, antes de que pudiera verlo terminado, por lo que lo inauguró su sucesor, su sobrino Juan Manuel de Urquijo Urrutia, segundo Marqués de Urquijo.

Además del hierro, otro elemento imprescindible de este pórtico es la piedra. Esta estaba presente en unos elementos, tallados en arenisca (más dócil y fácil de labrar), pero, en otros muy reseñables, de caliza. Una caliza que provenía de la cantera de Vitórica y era tan pulida, que se convierte en mármol o, como lo denominaban entonces, jaspe. De color tan negro como el azabache, fue muy valorado y utilizado para elementos artísticos y decorativos (chimeneas, pies de mesa como en la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, en Orduña, e incluso hasta la Corte en Madrid. No obstante, su transporte era muy dificultoso y la cantera pronto dejó de explotarse, pero la calidad de su producto perdura aún hoy.