Tras la primera imagen urbana e industrial de Laudio/Llodio, se esconde este tesoro que se encuentra a unos 5km del centro del municipio. Ermualde está situado en un entorno natural de gran valor, tanto paisajístico como botánico, además de poseer innumerables elementos histórico-patrimoniales de gran relevancia. Fue inscrito como Conjunto Monumental en el 2002, en la categoría de Bien Cultural del Inventario general del Patrimonio Cultural Vasco, lo que hace que esté especialmente protegido.
Es un entorno lleno de historia; conoció desde banderizos y señores feudales de la Edad Media, a sucesos de las guerras carlistas, trincheras de las guerras civiles y caminos por donde transitaron contrabandistas. Sin duda, una joya que narra la historia de nuestro territorio a la vez que ofrece la posibilidad de descansar, contemplar y disfrutar del arte, conocer su historia, iniciar rutas de senderismo o, simplemente, pasear por los alrededores.
Para llegar, la subida comienza desde el barrio de Ugarte a través de las señalizaciones que indican el santuario y el barrio de Isusi. El primer elemento antes de llegar al Conjunto es el siguiente:
Ermita de san Antonio
Un humilladero dedicado a Santa Apolonia y San Antonio que se construyó en el s. XVIII. En realidad es la de Santa Apolonia – aunque es más conocida como de San Antonio-; es un híbrido entre ermita limosnera y humilladero, también conocidas como santutxu, que ofrecen al transeúnte el servicio de “24 horas/365 días”, sin necesidad de estar atendida por nadie. Por ello están abiertas, protegidas por características balaustradas.
La huella
En el entorno del santuario principal existía una oquedad en la roca que era creencia entre la gente local que era la huella del pie de la Virgen y le atribuían el poder de proteger del dolor de muelas durante un año si se llenaba la boca con agua de la fuente de la ermita de Santa Lucía y una vez sobre la piedra se vertía sobre ella. Para poner fin a las supercherías, la extrajeron y desplazaron a esta ermita.
Acércate, ¿serás capaz de encontrarla?
Al continuar, después de unos caseríos a la izquierda, se encuentra la mencionada fuente. A la derecha, se encuentra una segunda edificación, la primera del Conjunto Monumental:
Ermita de santa Lucía
Una pequeña ermita construida entre los siglos XV y XVI dedicada a Santa Lucía como edificio anexo al Santuario de santa María del Yermo. De esta manera la figura de santa Lucía se trasladó del interior del santuario a la ermita contigua, con la intención de brindarle mayor protagonismo a la imagen de santa María.
Sin embargo, con la nueva ubicación todo parece indicar que, lejos de decaer la veneración hacia la santa siracusana, ganó aún más popularidad respecto al templo principal entre devotos de una amplia zona debido a la afamada romería que aún hoy se celebra en su honor a la que acudían miles de romeros y que ha sido inmortalizada en la obra pictórica de José Arrue.
Resultado de aquellas paradojas históricas, sólo se celebra la festividad de Santa Lucía y no la de la Virgen María, patrona del santuario.
Santuario de santa María del Yermo
Es un imponente conjunto arquitectónico gótico-renacentista, compuesto por un templo adaptado al terreno en pendiente, enfundado en un pórtico en escuadra al que se une una amplia terraza, todo ello escoltado por una torre exenta (el último elemento del Conjunto), a modo de espadaña que parece vigilar los caminos.
Gracias a los archivos históricos sabemos que el orígen del templo, lo mismo que el de la ermita de Santa Lucía, se enmarca entre finales del siglo XV e inicios del XVI y es de estilo gótico vasco. Sin embargo, las recientes excavaciones arqueológicas han desvelado que sustituyó a dos anteriores, con orígenes en el s.XIII, así como un asentamiento poblacional en el entorno en el s. XI. También sabemos, gracias a documentación fechada entre 1467 y 1496, que en la segunda mitad del siglo XV ya era un templo con gran renombre, pero, a su vez, vetusto o al menos insuficiente para las necesidades de la época. Así, unas décadas más tarde, ya en el XVI, se inicia la construcción de un templo mayor, parte del que hoy contemplamos, aunque su evolución y desarrollo constructivo nos lleva hasta el siglo XX, momento en el que se finaliza el pórtico en su cara oeste, a los pies de la edificación.
Los elementos más vistosos del edificio corresponden al siglo XVII: el bello pórtico con sus seis arcos de piedra y la remodelación del extraordinario campanario exento, separado del edificio principal y a cuya parte superior se accede por una escalera interior labrada en la piedra. La iglesia consta de 2 naves; la principal y una lateral en el lado de la epístola, con desarrollo en dos tramos, a lo que se le suma la cabecera y las dos capillas que se abren al lado del evangelio.
En el interior destacan, además del altar mayor, un retablo que es una delicada talla del primer renacimiento de la titular, que se presenta de pie, de época algo anterior al retablo. También la talla del retablo de la capilla del Rosario, que es la talla más antigua del templo, o la Andra Mari, gótica del siglo XIII, que responde a la tipología de virgen sedente con el niño en su regazo.
A través de la heráldica se destaca la presencia de uno de los linajes medievales más importantes de Llodio en una de las capillas: los Anuncibay, que fueron poderosos banderizos enfrentados a otra notable familia local, los Ospiña de Ugarte, con los que competían por el control del territorio.
Desde aquí se puede emprender diferentes rutas, como la que converge con la GR-123, llamada de los Contrabandistas, o la del Cinturón de Hierro. Asimismo, ofrece la posibilidad de hacer cumbre en alguna de las emblemáticas cimas del entorno, como el Goikogane, el Kamaraka o incluso el Ganekogorta
La Iglesia de San Pedro de Lamuza se alza en el centro de Laudio/Llodio como testigo de siglos de fe, comunidad y arquitectura. En 1095, el obispo de Nájera, Pedro de Názar, consagra la iglesia (se desconoce el origen del topónimo), que “unifica” todos las aldeas de entonces en una parroquia común. Se trata de un templo completamente medieval, se presupone que fue un templo austero, posiblemente de estilo románico o protogótico (según la historiadora Micaela Portilla), del que no se conservó nada.
Tampoco se conservaron los templos que le sucedieron, aunque se sabe que todos estuvieron en el mismo lugar.
A mediados del s.XVI Francisco de Amírola comenzó a construir sobre el templo anterior una nueva iglesia. Se erige primero el templo en sí, en planta en cruz latina, después se realizan renovaciones y ampliaciones, como la torre del campanario y, finalmente, ya a principios del siglo XIX, la linterna-cúpula de la torre de la iglesia. Por tanto, la iglesia que vemos hoy es de estilo barroco, del s.XVIII.
Fue una época de prosperidad tanto en Laudio, como en el País Vasco en general, por lo que debía reflejarse también el aspecto artístico y, dada la novedad del templo, se comienza a dotar de muebles litúrgicos y ornamentación en su interior.
Lo más reconocido y representado es su retablo mayor, realizado por el cántabro Marcos de Sopeña (atribuido) y de estilo rococó desornamentado, propio del momento, ya que se encontraba en últimas fases del barroco. Se representa a San Pedro, y los laterales acogen, a la izquierda a San Juan Bautista, y a San Pablo a la derecha, cada uno de ellos sobre una peana. Sobre la parte central, el cuerpo superior acoge la Asunción de la Virgen, dentro de un arco de medio punto. A los lados, Santiago Peregrino y San Juan Evangelista.
También cabe mencionar los retablos laterales dedicados a San José y a la Virgen del Rosario, que seguían a la perfección el ejemplo del rococó, junto a un cuarto retablo dedicado a la Piedad, hoy día desaparecido.
Como otro tesoro más, en su interior también se guarda una curiosa miniatura que reproduce la propia iglesia.
Visita la iglesia, contempla su torre, y permite que su armonía entre lo espiritual y lo hco te invite a una pausa contemplativa en plena vida de Laudio/Llodio.
La ermita de San Bartolomé de Larrea -hoy en día Larra- es una de las más importantes de Laudio/Llodio, ya que, aunque se tiene constancia de ella desde, al menos, el siglo XVI, se ha encontrado una cita del año 1637 en la que se refiere a ella con el término de “parrochia”. Así, pudo ser una de las primeras del “Balle de Llodio”, quizá junto con San Pedro de Lamuza y Santa María del Yermo (Ermualde).
Esta gran importancia se reitera con algunos de los elementos que había en su interior, como “…un cáliz de plata… una cruz mayor de plata… dos campanas mayores en el campanario y una campanilla para dar aviso, el retablo dorado… y una pila de piedra debajo del coro…”.
LA FRAYLA
Esta pila bautismal que prevalece aún hoy en día, no dispone de ninguna ornamentación y en ella ejercía su cargo de “madrina de bautizos” una “frayla” o “serora” que vivía en la casa aneja a la ermita, y que se encargaba tanto de la ermita, como de otras “heredades”, propiedades del templo (una huerta contigua, una pieza para sembrar trigo, un manzanar, un castañar, un arbolar…).
LA CAMPANA
En 1720, con los restos de bronce de la vieja campana, se funde una nueva y se sitúa en la parte izquierda de la espadaña. Aunque es menor que la de la parte derecha, la inscripción que se lee en ella «Ora pro nobis. Cura parrocho Acha de San Bartolome de Larrea. Año de 1721» deja claro que Larrea era el nombre originario del lugar, bien atestiguado desde sus primeras citas (1563) y como apellido, que ha continuado su linaje hasta nuestros días.
LAS OBRAS
La ermita, de nave sencilla, tiene dos portadas: la primera en la fachada Este, con un arco apuntado y que se sitúa bajo un pórtico de madera, puede ser de finales del siglo XV o principios del siglo XVI. La otra portada también consta de arco apuntado, aunque ningún otro ornamento más.
EL INTERIOR: SAN BARTOLOMÉ
El interior de la ermita, es sencillo y con techumbre de madera, dentro de la cual se pueden encontrar decoraciones con motivos geométricos, cuadrados inscritos en círculos, aristas con puntas o dientes, labrados, acanaladuras, e incluso ajedrezados, en las vigas.
El templo alberga dos pequeños, aunque magníficos retablos de principios del siglo XVII (barroco). El principal, en madera dorada, policromada, representa el Martirio de San Bartolomé*, y las laterales a San Pedro y a San Pablo.
El otro retablo está dedicado al Rosario, también en madera dorada y policromada.
*El Martirio de San Bartolomé: la tradición reza que el apóstol evangelizó la India, Mesopotamia y Armenia. Alguien se presentó ante el rey Astiages y le transmitió que las imágenes de sus ídolos habían caído al suelo y se habían roto. Así, este, mandó que apalearan al apóstol y que lo desollaran vivo; después lo decapitaron. Es por este motivo por el que suele aparecer atribuido con un cuchillo en mano, un demonio que tiene sujeto con una cadena a sus pies, y desde el siglo XIII también se le ha representado con su propia piel colgando del brazo, o atado a un árbol, o incluso al potro, donde lo desollaron.
Han sido tres las ermitas, conocidas por los más mayores como «San Juan Astobitzako».
La primera, probablemente de origen medieval, estuvo situada más cerca de Astobitza. Contaba con una vivienda, unas heredades para labrar, unos castaños y un rebaño de ovejas por cuyo disfrute se pagaba un alquiler. Se celebraban con fiesta San Juan y San Lorenzo. La tercera imagen del altar era la de Santa Isabel.
Pasados los años su estado era tan ruinoso que se acordó construir una ermita nueva (1787) se incorpora la imagen de San Juan actual y desaparecen de su retablo y culto San Lorenzo y santa Isabel.
Cien años después aquella ermita amenazaba ruina y se construyó la tercera, la actual, gracias a la iniciativa de un vecino muy beato y con inquietudes políticas, tanto que llegó a ser el alcalde del municipio: Gerónimo Ibarrola. Edificada gracias al trabajo y aportaciones económicas del vecindario, se inauguró en 1895.
LA LEYENDA.
Cuenta la leyenda local que, por mucho que se retornase a su aviejada ermita, la talla de San Juan aparecía cada mañana en la ubicación actual. Interpretaron que el santo quería vivir allí, por lo que se edificó la ermita actual.
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El actual edificio parroquial de Santa Ana, de 1910, sustituyó a una ermita-capilla construida en Atxeta en torno a 1826 y, a su vez, dejó prácticamente en el olvido la ermita originaria, probablemente de origen medieval, que se situaba en un altozano en torno al caserío Santa Ana. Lo más llamativo de aquel primitivo templo es que era una ermita jurisdiccional, una figura con la que se intenta, recurriendo al designio sagrado, apaciguar las eternas disputas territoriales.
EL MITO
Dice la leyenda popular que, en pleno conflicto entre territorios, se apareció una imagen de la virgen en una hondonada, por lo que se interpretó que era deseo de María que su casa se edificase allí, en pleno límite, para que actuase el templo como incuestionable mojón.
Pero el supuesto milagro no dirimió las diferencias territoriales pues eran comunes las discordias, por lo que, no haciéndose cargo de su mantenimiento ninguna de las dos partes, quedó en ruinas en torno a 1770.
LA VISITA DEL MOJÓN
Cada año, en el día de Santa Ana, acudían los cargos electos de Llodio y Arrankudiaga el día de Santa Ana a dirimir las pugnas territoriales. Con una cruz de madera que se guardaba en el interior de la ermita, daban varias vueltas al edificio, en círculos, cruzando así ambas corporaciones el territorio de los dos municipios.
Hoy en día, sin rivalidad alguna y con carácter festivo, las dos corporaciones visitan el mojón de Santa Ana en el día de su fiesta. Sobre él posan las varas de mando y, con música y un pequeño ágape, celebran el acto.
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