Esta fuente sustituyó a la mesa y al árbol de juntas que se situaban al inicio de la calle Batzalarrin, al lado de la iglesia como símbolo de la sacralidad de ese lugar para dar fe de los acuerdos, pactos y tratados que allí tenían lugar.
Esta fuente, la de mayor calidad artística de toda la comarca, la construyó en 1854 Martín Saracíbar, debido a la necesidad de tener agua en el centro del pueblo y porque las aguas que había hasta entonces eran insalubres (se compartían con animales, se lavaba ropa y los mondongos, intestinos de los animales para elaborar morcillas y chorizos). Así se proyecta una nueva fuente junto al camino real de entonces, y en la plaza de la iglesia, para dar servicio a vecinos y transeúntes. Se condujo el agua mediante arcaduces cerámicos desde un manantial y regato, salvo un tramo que se tuvo que construir de hierro para salvar otro regato y que atravesaba un río y el puente junto al instituto.
A medida que se llevaba a cabo la obra, se fueron modificando los requisitos y se aumentaron los caños de la fuente (antes de dos) y se instaló un lavadero entre la carretera y la sacristía. Así, hubo una fuente para consumo humano, después un abrevadero y al final el lavadero.
Se desconoce el diseño de la fuente original, de 1854, ya que solo quedó la columna central, a la que se le redujo la altura para acomodar encima el plato y el penacho de remate. La pileta alveolada, la caja con los caños, los querubines de bronce y el remate superior en plato se le añadieron posteriormente y que se cree que datan de las dos últimas décadas del siglo XIX, aproximadamente, la misma época en la que se erigió el pórtico de hierro.
Con la acometida de agua a domicilio de 1930, tanto el abrevadero como el lavadero desaparecieron y hoy únicamente nos queda la fuente, recientemente trasladada a la Plaza de Abastos.
Fuente: Felix Mugurutza Montalbán